martes, 30 de septiembre de 2014

ZATISFACTION, Jean Paul Zapata, 2 de octubre al 7 de noviembre de 2014



Jean Paul Zapata
Maestro en Artes Plásticas y Visuales ASAB, Universidad Distrital en Bogotá Colombia.


Para que exista Zatisfaction sólo se necesita mirar detenidamente lo mismo que todos pasan de largo. Mirar dos veces, ser mirado también por la imagen, ser interrogado como igual. Se encuentra belleza en el momento en que se piensa que el mundo de todos es un reflejo del mundo de cada uno por dentro. Cobra sentido hacer un inventario visual de la calle, una serie de íconos traídos al tiempo presente desde toda la mezcla urbana que habitamos: somos multifacéticos, seres de reproducciones sin fin. Hacemos fusiones cada vez más fuera de lo normal, inmiscuidos en el inevitable proceso de imágenes y semejanzas. Una antología que funciona como colección de afectos, desde el erotismo hasta la ternura, desde la descripción de la naturaleza hasta los personajes urbanos: La imagen siempre es ambulante. Fotografías instantáneas de la tierra, donde un hombre o una mujer llevan en su carrito todos los productos para aliviar las penas del mundo, la esquina, la espera, la mirada esquiva, el ángulo picado. No se pueden entender todos los gestos humanos de un solo tajo, hay que observarlos uno por uno en su lógica de sentido con el contexto, ¿Cuándo la evitación se convierte en invitación y cuándo permanece como indi- gerencia?

La técnica de Jean-Paul presenta una apropiación de la tradición japonesa, colores sólidos sin efectos y con línea fuerte. Sin perder nunca la perspectiva de auto-reflejo (vernos a nosotros mismos en el retrato de otro), las imágenes de Zatisfaction, son un complemento de una investigación visual del tarot, una serie de revisiones personales y sociales en novela gráfica y otro proyecto en marcha con comunidades alrededor del país. Todo el trabajo es una pregunta sobre la construcción de la identidad contemporánea, que no caiga en soluciones unívocas sino en expresiones multiformes de la indivisibilidad del universo. Ahí estamos habitando entre todos los sueños de aquellos que hacemos perdurar el nosotros, mientras la evocación nos asiste, el espíritu se fortalece.

La difusión que se logra con el arte digital también recuerda el valor de las versiones firmadas, las edicio- nes dedicadas, mil veces uno, infinitas veces presente, Zatisfaction.

Inauguración: Jueves 2 Agosto-2014, 6:15 pm

Curaduría: Luis Alberto Mejía Clavijo

Apoya: Maestría en Estética y Creación U.T.P. 



































lunes, 29 de septiembre de 2014

Inmoderno. Daniel López. De la rabia como sustento

Daniel López, paisaje, óleo sobre tela
El encuentro de la pintura no suele ser un escenario amable o al menos suave frente a la crudeza que representa lo aterrorizable del mundo. Con tanta situación agreste, con tanta dureza alrededor, el arte asume lo terrorífico como una forma natural de su propio ente, de su ser, ahora presentado como una violencia más en la realidad violenta, quizá heredera de una época moderna ya lejana, casi invisible.

La pintura entonces comienza un proceso de despojo progresivo: si antes había ganado con creces la verticalidad ahora ella se acuesta hasta traslaparse entre la basura, la pisada, el escupitajo y todo aquello que implique formas de desalojo.

Una pintura así totalmente desprovista de recursos hieráticos o al menos heroicos no deja de causar extrañeza en vez de enojos y desviaciones de apreciación tanto conceptual como técnica.
En las academias de arte la suciedad y el abandono formal sobre las piezas artísticas parece ser un síntoma estético precario no profundo pero si en respuesta a los términos medios generalizados: mire a donde mire, las cosas no buscan lo profundo sino mantenerse en los conceptos superficiales que logren el sino del empuje hacia delante.

El tiempo contemporáneo en que vivimos nos ha demostrado que a él  no le interesa las situaciones de profundidad, mas por el contrario se esfuerza en ubicar toda la fuerza del mensaje como lo dijimos antes en lo superficial y con ello reforzar la sensación por lo mediocre a nivel general.

Lo mismo ocurre cuando , luego de construir lo bello, accedemos a su destrucción intencionadamente desde accidentalidades programadas, violentas apariciones ya definitorias. Es como si conscientes de contener lo bello simplemente fuera atacado eso bello por el exceso de vida organizada, orden y aspiración a lo superior implícito.
Hacemos arte desde el daño, la exposición y la violencia, no tanto contra los sujetos así dichos sujetos se hallen completamente objetivados, sino contra lo no definido, contra lo no esclarecido, de su naturaleza.
En ese orden de ideas los paisajes duramente pintados de Daniel López inyectan una atmosfera de la desidia si tenemos en cuenta sus superficies como verdaderos campos de batalla de lo sucio sobre puesto una y otra vez: pinta sobre formatos desbaratados por ingenuidad con técnicas cargadas de tradición formal, la cual a su vez son atacadas con mugre.

La mugre en arte existe y mejor aún, la mugre como arte aparece en lo inmanejable del descuido, Daniel López presenta un conjunto de trabajos academicistas donde lo pictórico surge por el manejo de un medio pastoso, cubriente con tiempos limitados y situaciones cromáticas construidas a partir de la valoración tonal. No obstante el juicio al perseguir la luz en lo cambiante del paisaje, López da espacio a lo fortuito cuando se para, arrastra el óleo, pisa la superficie, escupe de fastidio su esclavitud para presentar un pobre escenario gráfico repleto de arañazos, trazos sin dibujo, detritus de no saber cuidar lo bello, de no comprender que la pintura ya no le pertenece más, que ella conforma el gigante archivo de experiencia acumulada del arte.

Cuando veo los paisajes de López detecto rabia, de esa que le da a uno cuando por mas que insistamos termina convirtiéndose en lo más bárbaro, lo más ridículamente obsesivo que extrañamente otorga sentido.

Exposición "Los Inmodernos" Muro Líquido, biblioteca Jorge Roa Martínez, Universidad Tecnológica de Pereira en Colombia, Septiembre 2 al 1 de Octubre de 2014.

Inmoderna, Maritza Usma. Cuerpo-paisaje

Maritza Usma, cuerpo paisaje. pintura de acción.

El efecto de seducción a través del signo del arte se ve traducido por eufemismos cada vez más desgastados a  la hora de hacer prevalecer un concepto e incluso una forma simbólica. La seducción existe en el arte no importa la noción de belleza o encuentro que lo sustente. Hay seducción en la mirada como en el hacer pero más aún en las consecuencias y proyecciones desde las cuales construimos el gusto o la fascinación.

En la obra de Maritza Usma la seducción ocupa un lugar de referencia constante. El paisaje no se representa, se absorbe como un órgano vivo de reconocimiento corporal desde donde surge lo sexual en clave de transferencia. La artista introduce elementos del paisaje dados en ramas, hojarascas, tallos diminutos, o residuos de tierra, como formas simbólicas recolectadas desde valoraciones significativas que implican recortes de mundo aumentado, los cuales buscan la seducción del detalle, la exegesis por lo mínimo, el recorrido íntimo y cercano. Cada elemento encontrado funciona como un objeto sexual vinculado al cuerpo por efecto de frotación telúrica hasta el éxtasis de relación: danza vorágine,  fuerza de la exudación masturbatoria, ritual de iniciación a caballo entre pintura al aire libre y performance, que convierte la superficie en campo de experiencia bajo regímenes nuevos y acumulativos de horizontalidad.


Al final de aquella experiencia quedan vestigios arquitectónicos, huellas de copulas imposibles y bastiones licuosos condensados sobre fragmentos susceptibles de edición y lecturas acotadas, afortunadamente alejados de la confusión libresca para el arte.

Exposición "Los Inmodernos" Muro Líquido, biblioteca Jorge Roa Martínez, Universidad Tecnológica de Pereira en Colombia, Septiembre 2 al 1 de Octubre de 2014.

martes, 23 de septiembre de 2014

Pintar al aire libre y pintar en Buenos Aires. Mario Damill, Inmoderno.

Mario Damill, las cortaderas


Si se puede abordar la “inmodernidad” desde un borde del campo, desde un córner, lo hago aquí a partir de la confesión de un desliz: la pintura de las cortaderas no fue hecha al aire libre, sino a partir de una fotografía. Estuve en el lugar, vi las cortaderas inclinarse ante el viento, miré la escena con curiosidad y detenimiento, pero trabajé luego en el taller a través de la imagen de una cámara. Tropiezo en mi inmodernidad, quizás. 
Hay quien piensa que la fotografía es un engaño, pero en cierto modo, y disculpas por el lugar común, todo el arte lo es. El pintor, por ejemplo, crea una suerte de realidad sustituta sobre la que gobierna, ejerce sus propias reglas como monarca, somete esa “realidad” a experimentos a los que la realidad real escaparía. Al menos a veces uno cree que es así, pero eso también es un engaño. Cualquier pintor sabe que a veces los materiales, los colores, las formas, se rebelan de manera indomable y dejan de obedecer. No es raro que, frente a esas rebeliones de las cosas, la mejor estrategia sea la de abandonar la actitud monárquica y, al contrario, tratar de entender la lógica de esas mismas cosas y subordinarse a ella, interpretándola (y quien sabe deseando que los materiales en rebelión sean expresión de algo más, de un misterio que secretamente los manipula y así se nos manifiesta).
Pero volvamos a la foto de un paisaje. Supone ya un recorte de lo que se ve, que simplifica muchísimo lo observable. Trabajando al aire libre el paisaje no tiene límites, y es como si luchara por escaparse todo el tiempo, desbordando la tela. La foto es un recurso policial que lo captura en una jaula. Podría perdonarse ese artificio porque al fin de cuentas el propio pintor es frecuentemente el fotógrafo y, en consecuencia, en gran parte el recorte le pertenece.
Pero la fotografía trabaja sobre el paisaje de muchas otras formas. Lo aplana, lo simplifica, borra matices, modifica en algún grado los colores. Muestra toda la escena “en foco”, de un modo que la vista humana no logra (para no hablar de la miopía y la presbicia!). Todas o casi todas esas operaciones ocurren en una caja negra, fuera de nuestro control, no son nuestra decisión. Es probable que no estemos de acuerdo con algunas o muchas “decisiones” de la cámara, que no coincidan con lo que haríamos nosotros.
Una de las operaciones principales que debe ejecutar un pintor de paisaje al aire libre es simplificar. Elegir qué quiere suprimir, qué cabe atenuar, qué destacar, para no perderse en la infinitud de detalles de lo real y en cambio, convertir lo que ve en algo propio, en su expresión. La fotografía hace también esas tareas pero como las haría un robot, no es el espíritu del pintor el que elige. 
Por ende, si un inmoderno se ve en las circunstancias de pintar un paisaje a partir de una imagen capturada por la cámara, se enfrenta a operaciones que son en cierta forma inversas a las de quien lo hace al aire libre. Se guía por la imagen simplificada, achatada por la captura del aparato, pero si quiere que su espíritu esté allí, y no el alma fría del robot, tiene que retornar a la complejidad de lo real, reconstruirla inventándola a partir de ese recorte, con su propia imaginación, antes de simplificarla de nuevo.
Salir a pintar al aire libre es un gesto inmoderno que apruebo y comparto. ¿Insuflar aire libre en una imagen impresa en papel lo será también, en cierta medida? Espero que sí. En todo caso el pecado y la confesión ya están hechos, y el pecador, identificado.
Mario Damill
Buenos Aires, 23 de setiembre 

lunes, 22 de septiembre de 2014

comentario de Susana Stanig a los Inmodernos, paisajes para llevar


Quisiera empezar diciendo que valoro el esfuerzo del profesor Salamanca por interpretar las obras individuales pero por sobre todo por abrir este espacio de discusión acerca de las diferentes aproximaciones al paisaje.
Considero que la gran diferencia plástica y metodología de los trabajos agrega interés a este intercambio, por eso invito muy calurosamente a todos los Inmodernos a participar en esta reflexión conjunta, que nos puede permitir aprovechar la exposición para crecer colectiva e individualmente.

Dicho esto, lo primero que me gustaría apuntar  es que considero de interés cualquier acercamiento al paisaje, a mi modo de ver la metodología usada en sí misma no define la valía de una obra, simplemente le impone algunas restricciones.  Dicho llanamente, puede ser posible pintar un paisaje plano, por ejemplo y obtener un resultado que no sea frívolo, como lo hace Matisse por citar a alguien. El punto es, para mi, preguntarse cómo logran esos grandes mantener la riqueza de una obra con esa estructura.  Pienso que cada estructura tiene sus propios condicionamientos y descubrir cuales son es el problema.

Asi, como decíamos se puede trabajar plano pero entonces se pierde en profundidad o se puede trabajar con preponderancia de temperatura en lugar de valores, pero entonces se desdibujan las formas. Otro ejemplo, se puede trabajar con una paleta muy colorista, pero es terriblemente complicado lograr  un equilibrio armónico.
Es decir, para mi la idea no es abandonar la estructura que cada uno espontáneamente escoge (tenga o no conciencia de esa elección) sino interrogarnos acerca de lo que ganamos y perdemos, plásticamente  hablando, con esa decisión y descubrir el secreto que esa estructura  impone. Porque pienso que en eso esta la diferencia entre una obra corriente y una buena obra.

En ese esquema ser riguroso es, para mi, atenerse a las normas a las que obliga la estructura de la obra.

Susana Stanig

domingo, 21 de septiembre de 2014

Inmoderno. Haiden Pérez

Haiden Pérez, óleo sobre tela

La exposición “los inmodernos” contiene procesos desiguales.  En ella participan artistas con trayectoria, profesores artistas, aficionados a la pintura y estudiantes. En líneas generales podríamos pensar que la exposición por este mismo hecho genera problemas por cuanto existe una intención de fondo aglutinadora sin mediar ningún balance o indicio que nos permita diferenciar, aclarar o comprender procesos, niveles e incluso maneras del hacer pictórico.

La pregunta de fondo sobre la exposición podría consistir en indagar acerca de los sistemas empleados por cada uno de los participantes sobre un mismo objeto de búsqueda, en este caso la idea de paisaje. Como posible respuesta percibimos que para resolver de una manera ordenada y sistemática una pintura con contenido simbólico de sentido, se considera necesario contar con el presupuesto conceptual organizado que facilita una formación superior universitaria sin importar el área de conocimiento.

Lo universitario entrega al recipiente una forma de apropiación del saber basado en estructuras y métodos con los cuales reduce la vastedad para aclarar el camino sin generar mayores frustraciones. Con el sistema académico la complejidad que representa la tarea impuesta por la pintura al aire libre permite identificar bifurcaciones y continuidades. Por lo anteriormente dicho, un economista o un médico fácilmente encuentra la manera de organizar los medios para construir formas e imprimir significados desde la pintura, si se cuenta con un poco de pasión y mucho entusiasmo.

Haiden Pérez es un médico interesado en la pintura de caballete, el cual viene experimentando con técnicas y materiales con el objeto de observar los fenómenos de la naturaleza traducidos en el espacio definido del lienzo.

Como la mayoría de nosotros, en su proceso ha adquirido sistemas de otros con la intención de hacerlos suyos bajo la prueba y el error. En dicho recorrido quedan latencias difíciles de superar, como por ejemplo las manías o amaneramientos producto de informaciones , a mi modo de ver , dañinas y mal intencionadas facilitadas por orientadores en crisis.

Advertimos en la pintura del doctor Pérez una batalla a muerte por enfrentar los viejos fantasmas heredados por las cohortes de crisis cuando intenta confrontar en su proceso la tendencia hacia el color plano sin propósito, latencia muy transitada y corrosiva, que en vez de ayudar a solucionar lo pictórico, empobrece hasta la nada el trabajo. El pintor se reconoce en la observación porque su necesidad consiste en adquirir mundo desde la variedad y el conocimiento, lejos de la homogeneidad y confusión de una paleta igualmente en crisis.

En su momento nada se dice, nada se insinúa, porque se entiende que la práctica de la pintura finalmente horadará  la cruda pared del desconcierto para vencer lo bonito e interesarse por lo riguroso.



Exposición "los inmodernos" Muro Líquido, Universidad Tecnológica de Pereira. Septiembre 2 al 1 de octubre de 2014.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Inmoderno. Esteban Vélez

Estaban Veléz. óleo sobre tela

El paisaje actúa como método de formación alimentado por la constancia. En él aprendemos pacientemente aspectos que competen a la pintura, pero también a la educación de nuestros ojos con el objeto por entender los problemas de la representación, las nociones del arte y la búsqueda de la calidad,  sean cuales sean nuestros paradigmas. Desde la anterior perspectiva, realizar pinturas de paisaje al aire libre nunca es una tarea satisfecha, es decir, nunca es suficiente la cantidad de paisajes que logremos plantear, porque siempre surgen nuevos problemas a medida que vamos penetrando en su mundo, en su complejidad. Esteban Vélez es un artista en formación quién ya maneja un medio difícil como es la pintura pero que necesita detenerse, hacer un alto en el camino para ver. Muchas veces parar produce más alcances que insistir en continuar porque la pausa obliga a reflexionar sobre lo andado y fuerza necesariamente al espíritu hacia el proyecto. La pintura de paisaje al aire libre nos enseña a traducir con base en elementos de orden constructivo formas fugaces, las cuales van adquiriendo una lógica de imagen exenta quizá de constatación, quiero decir, sin preocupación por aprisionar lo real en lo mimético. En este lugar del captar y aprehender se encuentra la pintura de Vélez y la de todos nosotros independiente del tiempo que carguemos de experiencia pictórica: siempre ocurrirá lo mismo frente a lo natural, ese pequeño pero a la vez inmenso corte de mundo sobre el cual disponemos una superficie de trabajo en tiempo específico.

Cuando veo la pintura de paisajes de Vélez extraño esa obra escondida en preparatoria y morosa de contemporaneidad.